domingo, 7 de octubre de 2007
Ruinas
Mi mundo se derrumba. Los salones, pasillos y paredes que con tanto mimo cimentamos y contruimos con risas y miradas cómplices ahora son solo polvo, flotando a mi alrededor. La blanca luz que antes iluminaba cada rincón ahora ya no brilla, pues tus ojos se cerraron para mi. La suave música que se intuía por los pasillos adornados con los cuadros de nuestros recuerdos ya no suena, porque nunca volveré a escucharte reir. Y ahora que cada ladrillo y piedra se han convertido en polvo, el olor que en ellos impregnaste explota a mi alrededor haciendo tu recuerdo tan intenso que negras lágrimas, hasta ahora contenidas, anegan mis ojos.
Aquí de pie, solo e inmóvil en medio de la desolación que antes fue nuestro palacio, el viento de mi alma herida y desmembrada aulla y ruge en mis oidos. Y ahora que ya no estás para contenerlo, el Dolor se abre paso en mi interior, forzando y rompiendo los cerrojos y candados con los que tu calor lo desterró en el fondo de mi corazón hace ya tanto tiempo. No se detiene ante nada, inunda cada rincón de mi cuerpo, atenaza mi estómago y encoge mi pecho. Me hace caer de rodillas, que se hunden en ceniza. Me hace levantar la cabeza y mirar hacia el cielo en el que hoy no hay luna ni estrellas. Solo Oscuridad. Contra mi más fuerte y obstinada voluntad me obliga a gritar hasta que la fuerza mi voz me desgarra la garganta. Y las ruinas gritan también, uniéndose a mi en la armonía de la Amargura y el Recuerdo, en la del Dolor y el Miedo al futuro, en la de la Soledad y la Desesperanza. Gritamos juntos una oda al Desamor con las notas disonantes de mil violines desafinados en manos de mil sentimientos perdidos.
Hoy dormiré al raso, hecho un ovillo entre los remolinos de polvo. Mañana, cuando cese el viento y mi alma se calme, tal vez una sonrisa triste y melancólica sustituya al llanto al recordarte.
Tal vez.
Tal vez no.
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