lunes, 7 de mayo de 2007
Y los sueños...
Ayer soñé que era yo. Y en el sueño me vi tal y como me veo cuando no me miro, tal y como me veo cuando no me importa lo que digan los demás. Tal y como soy en ese mundo en el que no tienen cabida los prejuicios, en el que las mentiras y las apariencias se quemaron en la hoguera de la razón. En el que cada uno puede ser como es.
Y sentía el calor del sol en mi piel, el viento frío me revolvía el pelo... y al momento la Oscuridad me rodeaba acogedora en su manto de estrellas. Y volaba, rápido, envuelto en sombras. Miraba hacia abajo y veía nuestro precioso planeta como una pequeña pelota de tenis de diseño... veía las manchas que la humanidad había creado en su superficie... e intuía las que están hundidas en el centro, donde el calor es tan fuerte como el de un pequeño sol.
Y al mirar a la pelota no sentía cariño, ni apego, ni nostalgia, ni ninguna sensación que la hiciese mia. Que me hiciese suyo. Así que le di la espalda. Miré hacia el Vacío. Me sentí parte de las sombras, porque eso es lo que soy al final. Necesito a la Oscuridad tanto como ella me necesita a mi. Y la sentí mia. Y me sentí suyo.
Por fin entendí porqué me duelen los ojos cuando hay Luz, porqué no me siento cómodo de día, porqué no puedo dormir de noche y sin embargo se me caen los párpados mirando al sol. Descubrí la razón por la cual me siento en paz a oscuras. Miré hacia el Vacío. Vi la negrura.
Y, justo en el momento en el que debía despertar, decidí seguir soñando. Porque la vida es sueño, y los sueños... Sonreí.
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