lunes, 26 de febrero de 2007
Juguemos...
Vamos a jugar a un juego. Un juego que durará mucho tiempo, pero un juego al fin y al cabo, con un vencedor y un perdedor, aunque sólo hay un participante. Un juego en el que reirás, llorarás, sufrirás, sonreirás, amarás, odiarás, despreciarás, aprenderás, lucharás, hablarás, gritarás, susurrarás, acariciarás, respirarás, saborearás, morderás, usarás, ganarás... ¿o perderás?
Un juego del que a lo mejor querrás salir a veces, un juego que amarás el resto del tiempo. Un juego que puede ser triste o alegre, o ambas. Un juego azul como el mar, con el rojo del atardecer... y con el negro de la Oscuridad. Un juego que se te impone al nacer... y que pierdes al morir.
El juego no es nada, jugar en cambio lo es todo.
lunes, 5 de febrero de 2007
Capítulo X: El Orgullo
Se nota en la mirada. Es ese brillo en los ojos, esa pequeña llama que a veces arde en alguien cuando la vida le ha hundido. A veces hemos visto en los ojos de otro como se apagaba, como se iba haciendo más pequeña segundo a segundo, momento a momento. Hemos visto como su ausencia dejaba Oscuridad, Desesperación... y Muerte.
Pero, otras veces, vemos como se aviva con fuerza. Vemos como inunda las pupilas hasta que brillan más que el mismo sol, vemos como se alzan los hombros y se levanta la barbilla. Y mientras el viento da Vida a nuestro pelo, gritamos con todo el aire que podemos conseguir. Nunca de Miedo, ni de Dolor, sino por la Victoria, por el Triunfo, porque por una vez más nos hemos demostrado a nosotros mismos que el mundo no es lo bastante grande, lo bastante fuerte ni cruel para vencer. Porque nadie podrá nunca mirarnos desde arriba y ver como se apaga nuestro fuego ya que jamás, jamás se apagará.
Incluso en el momento de nuestra Muerte cerraremos el puño en señal de desafío, ninguna guadaña nos encontrará indefensos, nunca será fácil hacernos renunciar, nunca seremos vencidos por la fuerza. Y cuando el frío acero de la Muerte toque nuestra piel, la atravesará. Pero brotará la sangre, y el metal que hay en ella, junto con el calor de la llama en nuestros ojos, hará que en la mismísima Señora de la Oscuridad surja la desconfianza de si ha venido a por una vida más o por el contrario está atacando a un Dios.
Jamás, jamás, jamás te rindas.
Pero, otras veces, vemos como se aviva con fuerza. Vemos como inunda las pupilas hasta que brillan más que el mismo sol, vemos como se alzan los hombros y se levanta la barbilla. Y mientras el viento da Vida a nuestro pelo, gritamos con todo el aire que podemos conseguir. Nunca de Miedo, ni de Dolor, sino por la Victoria, por el Triunfo, porque por una vez más nos hemos demostrado a nosotros mismos que el mundo no es lo bastante grande, lo bastante fuerte ni cruel para vencer. Porque nadie podrá nunca mirarnos desde arriba y ver como se apaga nuestro fuego ya que jamás, jamás se apagará.
Incluso en el momento de nuestra Muerte cerraremos el puño en señal de desafío, ninguna guadaña nos encontrará indefensos, nunca será fácil hacernos renunciar, nunca seremos vencidos por la fuerza. Y cuando el frío acero de la Muerte toque nuestra piel, la atravesará. Pero brotará la sangre, y el metal que hay en ella, junto con el calor de la llama en nuestros ojos, hará que en la mismísima Señora de la Oscuridad surja la desconfianza de si ha venido a por una vida más o por el contrario está atacando a un Dios.
Jamás, jamás, jamás te rindas.
viernes, 2 de febrero de 2007
Capítulo IX: La locura
- Es fácil, o no? Risas, ¿llantos?, ¿cantos? Ruido al fin y al cabo. Pero y si no fuese ruido? ¿Y si fuese Luz, o Miedo?
- ¿A qué?
- A saltar por encima de las caras.
- ¿De qué caras?
- De las negras, de las grandes, de las que tienen ojos.
- ¿Y te ven?
- Solo cuando no me miran.
- ¿Y te miran mucho?
- Nunca, nunca me miran, siempre me ven, nunca me miran, siempre me ven, nunca me miran. Nunca. Siempre. Dentro del armario, desde cada cajón de cada mueble de la casa de muñecas. Y también hablan, pero solo cuando tienen boca.
- ¿Y que te dicen?
- Que me muera. Que me muera. Que me muera. Que me muera. ¡¡¡¡QUE ME MUERAAAAAAAAA!!!! ¡¡¡¡QUE SE VAYAAAAAAANNN!!!! Quiero que se vayan. Lejos. Ya.
- ¿Por qué?
- Porque me atormentan.
- ¿Cuando?
- Nunca. Siempre. Nunca. Siempre. Siempre. Siempre.
- ¿Y sueñas con ellas?
- No sueño. No duermo. Nunca duermo. Si cierras los ojos te cogen. Porque habitan en la Oscuridad. No están fuera. La casa de muñecas está dentro. Detrás de los ojos. Y no la puedo sacar. Y en cada rincón oscuro están ellas, riendo con los ojos cerrados. sin mirar. Pero viendo. Viéndolo todo. Todo.
- ¿Y cómo suena su voz?
- Como la tuya.
- ¿Quieres librarte de ellas?
- Si quiero. Quiero. Claro. Quiero.
- Sabes que es difícil. Sabes que la solución es roja. Roja sobre un fondo de metal. Lo sabes, ¿verdad?
- Si, lo se. Lo se. Siempre lo se. Y lo veo. Pero...
- Sssss. No abras los ojos. Es mejor así... y ahora... coge el cuchillo...
- ¿A qué?
- A saltar por encima de las caras.
- ¿De qué caras?
- De las negras, de las grandes, de las que tienen ojos.
- ¿Y te ven?
- Solo cuando no me miran.
- ¿Y te miran mucho?
- Nunca, nunca me miran, siempre me ven, nunca me miran, siempre me ven, nunca me miran. Nunca. Siempre. Dentro del armario, desde cada cajón de cada mueble de la casa de muñecas. Y también hablan, pero solo cuando tienen boca.
- ¿Y que te dicen?
- Que me muera. Que me muera. Que me muera. Que me muera. ¡¡¡¡QUE ME MUERAAAAAAAAA!!!! ¡¡¡¡QUE SE VAYAAAAAAANNN!!!! Quiero que se vayan. Lejos. Ya.
- ¿Por qué?
- Porque me atormentan.
- ¿Cuando?
- Nunca. Siempre. Nunca. Siempre. Siempre. Siempre.
- ¿Y sueñas con ellas?
- No sueño. No duermo. Nunca duermo. Si cierras los ojos te cogen. Porque habitan en la Oscuridad. No están fuera. La casa de muñecas está dentro. Detrás de los ojos. Y no la puedo sacar. Y en cada rincón oscuro están ellas, riendo con los ojos cerrados. sin mirar. Pero viendo. Viéndolo todo. Todo.
- ¿Y cómo suena su voz?
- Como la tuya.
- ¿Quieres librarte de ellas?
- Si quiero. Quiero. Claro. Quiero.
- Sabes que es difícil. Sabes que la solución es roja. Roja sobre un fondo de metal. Lo sabes, ¿verdad?
- Si, lo se. Lo se. Siempre lo se. Y lo veo. Pero...
- Sssss. No abras los ojos. Es mejor así... y ahora... coge el cuchillo...
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