31 - 10 - 2006
Pasa. Todo se resume en una simple palabra. Quieres, amas, odias, desprecias, lloras, ríes, saltas, corres, andas, te caes, te levantas, te derrumbas... y el Tiempo pasa. No se detiene a ver como estás, no te consuela después de una pesadilla, no te arropa ni te hace la cena... todos nacemos en su seno, pero no es nuestra madre.
Vemos como el mundo cambia a nuestro alrededor, e intentamos cambiar con él, intentamos no quedarnos atrás, no perder el tren... ¿para qué? Para que no se note que el tiempo pasa. Pero yo creo que es mas triste mirarte en el espejo de la memoria y no reconocerte en el niño que fuiste una vez. O lo que es lo mismo, mirar en tu interior y no ver aquella inocencia, aquellas ganas de comerte el mundo, porque creías que todo era más sencillo... porque creías tener todas las respuestas. Pensándolo bien, a lo mejor sí que las tenías. El problema es que no las recuerdas porque no te haces las preguntas.
Conocemos gente nueva, lugares nuevos, situaciones nuevas... ¿y lo antiguo? ¿Dónde están tus amigos de la infancia? ¿Los recuerdas acaso con claridad? ¿Eres capaz de ver a aquellos niños pequeños jugando en el parque a juegos que ahora ni siquiera entiendes? Yo jugaba con mis amigos a tirar un palo en un agujero profundo, y cuando caía creíamos que una rata gigante se lo había comido... ese recuerdo no lo olvidaré jamás, y el recordarlo no tiene precio.
Llevo atrás mi memoria, mucho más atrás... y soy capaz de ver a mi padre enseñándome a andar. Veo su, entonces, gigantesca mano cogiendo mis tobillos y obligándome a mover un pie detrás del otro, mientras con la otra me sujeta por la espalda para que no caiga... ¿eres capaz tu de recordar el momento en el que aprendiste a andar? Me siento muy afortunado por conservar ese momento, pero pagaría por todos los que he perdido y que intuyo a través de la bruma...
Y seguramente habrá momentos que olvidé y que no quisiese recordar, pero como no los recuerdo, pues no puedo hablar de ellos. Es obvio que también conservo momentos que preferiría haber olvidado, pero el recordarlos me induce a no volver a incurrir en los mismos errores. No hay que sentir vergüenza por lo que uno ha hecho en el pasado, siempre que no lo repita en el presente. Equivocarse es de sabios, rectificar más aún.
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