28 - 10 - 2006
Muchas veces ni siquiera avisa. Se presenta de repente, impetuosa, haciéndonos caer en un estado en el que no controlamos lo que decimos o hacemos, en el que no pensamos, en el que no somos nosotros... somos los Chicos del Sótano, y ellos siempre hacen bien su trabajo. Sea el que sea. Gritamos, peleamos, lloramos... incluso a veces reimos son saber porqué.
En ocasiones, sin embargo, vemos como se acerca. Lista para saltar, pero para nada agazapada. Llega con toda su fuerza, como un torbellino rojo de incomprensión, tocando la musica del diablo y bailando a su son. Y la esperamos, porque la necesitamos, porque hay situaciones de las que no sabemos salir solos, de las que no podemos salir solos.
Y cuando llega, sientes que toda la sangre de tu cuerpo, y posiblemente algo más, se concentra en tu cabeza. Sientes que todo se tiñe de Oscuridad. Tu voz se convierte en la de aquel que ya no tiene nada más que dar, en la de aquel al que ya no le importa lo que pueda perder... quizá ya lo ha perdido todo. ¿Y qué más da? Solo importa el momento, por mucho que intuyas que posteriormente es más que probable que te arrepientas, y que quieras volver atrás y decirle a los chicos del sótano que vuelvan a su oscuro pozo de las profundidades. Pero no puedes, porque aunque a veces eres capaz de decir no a la tormenta... ¿de verdad quieres hacerlo?
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1 comentario:
... ira... da para pensar, para pensar mucho, es tan dificl controlarla, o como tu dice aveces incluso cuando sabes de antemano que te arrepentiras de todo lo que dices, te da igual, lo dices, por que en ese instante lo sientes, odias y gritas y odias otra vez.
De cierto modo la ira es un desahogo, un agrio y curel desahogo...
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