domingo, 28 de enero de 2007

A veces...

A veces.
A veces capto tu olor por la calle. Miro para otro lado, deseando que no seas tu y, si lo eres, no verte. Intentando que la parte consciente de mi cerebro no se de cuenta del engaño. Que no aprecie el martilleo en el pecho, el pinchazo en el estómago, el pitar en mis oidos. Rezando para que los Chicos del Sótano no decidan que es el mejor momento para una imagen tuya.

A veces me descubro reprimiendo las lágrimas que intentan aflorar a mis ojos cuando me pillan desprevenido. Un momento antes estaba feliz, riendo y, de repente, una imagen tuya recien salida de la ducha, con el pelo aún mojado pegado a la espalda. Con la piel perlada de pequeñas gotitas, que siempre parecían mirarme y darse cuenta de mi envidia. Un momento antes reía, pero ya no.

A veces no puedo dormir por las noches, pensado... No. Sin pensar en nada. Simplemente con una sonrisa tuya tapándome los ojos. Con tu voz resonando en mis oidos. Con el recuerdo de tu índice recorriéndome despacio la espina dorsal mientras yo era capaz, al menos por unos minutos, de dejar mi mente completamente en blanco.
A veces soy capaz de soñar contigo y esquivar las pesadillas.
A veces no.

lunes, 8 de enero de 2007

Capítulo VIII: La Luz

20 - 11 - 2006

A veces somos capaces de verla. A veces la sentimos en nuestra piel. A veces somos capaces de crearla en el interior de otras personas. Continuamente la perdemos, nos sumimos en la Oscuridad. Y deseamos que vuelva, con su dulce calor, a expulsar el frío que nos domina.
Pero no es fácil encontrarla, porque no es tan sencillo con encender la lámpara de tu habitación en medio de la noche. La luz fría de una lámpara no expulsa las sombras, solo las empuja a rincones que quedan casi al alcance de tu mano, y si casi puedes tocarlos... ellos están a la misma distancia. Lo sientes justo detrás de los ojos, el Miedo. Y sólo dejas de sentirlo cuando llega el día, cuando la Luz de la mañana te ilumina por completo, y las sombras no tienen más remedio que morir rápidamente y sin dejar rastro... aunque sabes de sobra que volverán.

Y es por eso que sólo la Luz del día tiene la capacidad de devolvernos a ese estado de Felicidad, a esa especie de trance en el que nada nos importa. Y salimos medio desnudos al balcón, miramos los edificios que nos impiden ver el horizonte, y aspiramos con fuerza el aire frío y contaminado de nuestra ciudad, a la que queremos con Locura. Y cuando sentimos la frescura dentro de nosotros, olvidamos completamente lo vivido unas horas antes, cuando la manta nos tapaba hasta el cuello y creíamos ver, con los ojos cerrados, Sombras más oscuras que otras.

No es fácil encontrar la Luz, ya lo hemos dicho. Pero por eso mismo debemos buscarla con toda nuestra fuerza. Debemos recorrer el mundo buscando la Luz que nos haga olvidar. Y cuando la encontremos, cuando estemos seguros de que ese lugar, de que ese momento, de que esa persona es nuestra luz... entonces, y solo entonces, tendremos un instante de tranquilidad.

Capítulo VII: El Tiempo (3)

08 - 11 - 2006

Ya lo hemos dicho algunas veces: todo principio tiene un final. El Tiempo también acaba, también termina, también nos deja. A todos se nos ha dado un Tiempo, el cual debemos disfrutar todo cuanto nos sea posible, porque una vez expire, no tendremos nada más que hacer... salvo regresar a la Oscuridad de la que salimos hace ya tanto...

Y nos facil para ninguno darnos cuenta de que, poco a poco y sin querer, nos vamos acercando al día de nuestra Muerte. Al momento en el que todo termine, en el que cerremos los ojos al mundo que nos vio nacer y digamos adios a los seres queridos que nos queden en él. Me aterra el hecho de que al final, y despúes de tanto Tiempo perdido en huir de ella, tendré que volver a la Oscuridad, no es miedo a la Muerte, sino a lo que viene despúes, o mejor... a su ausencia. Un amigo perdido hace algún tiempo me dijo una vez que al él la altura no le daba Miedo, lo que le asustaba era el el suelo... es parecido.

Capítulo VII: El Tiempo (2)

03 - 11 - 2006

Es fácil hablar del pasado. El fácil hablar de lo que recuerdas o de lo que no. Es fácil nadar en la nostalgia y caminar por lugares en los que ya no hay luz, lugares que ya no existen, que no volverán a existir jamás, salvo en tu recuerdo y en el de aquellos que tuvieron la suerte de verlos al mismo tiempo que tu. Porque quizá puedan destruir el mundo, pero nunca cambiar mis recuerdos... ni tampoco conseguirán que los olvide.

Pero... ¿es igual de fácil hablar del Presente? ¿Es fácil hablar de lo que te ocurre en este momento? ¿Describir tus sentimientos sin tener tiempo de pensarlos? ¿SABER qué es lo que sientes? ... ... ... ¿Es posible no sentir nada? ¿Y no es la frase anterior una contradicción en si misma?
Siento frío... fuera llueve. Tristeza por no verte. Por no tocarte, por no sentirte... por no hablarte, escucharte, susurrarte al oido, mirar la luz reflejada en tus ojos... el Dolor siempre está ahí, recordándonos que no ha pasado tanto Tiempo como para no sentirlo. Rabia, Ira por no ser capaz de desterrar el Dolor... para siempre Oscuridad en mi alma...

Y aunque sea por todos dicho que el Tiempo todo lo cura, el decir algo muchas veces no lo convierte en cierto. No por decir cada cinco segundos que ya no llueve deja de llover. El decir cada vez que despierto que ya no te quiero no significa que no llore mientras duermo. Y a pesar de que a lo largo del día a veces hasta me convenzo a mi mismo de que todo va a ir bien, cuando las luces se apagan los Chicos del Sótano vuelven a hacer su trabajo, y todo el mundo sabe que haciendo su trabajo son los mejores. Y recuerdo...

Capítulo VII: El Tiempo (1)

31 - 10 - 2006

Pasa. Todo se resume en una simple palabra. Quieres, amas, odias, desprecias, lloras, ríes, saltas, corres, andas, te caes, te levantas, te derrumbas... y el Tiempo pasa. No se detiene a ver como estás, no te consuela después de una pesadilla, no te arropa ni te hace la cena... todos nacemos en su seno, pero no es nuestra madre.
Vemos como el mundo cambia a nuestro alrededor, e intentamos cambiar con él, intentamos no quedarnos atrás, no perder el tren... ¿para qué? Para que no se note que el tiempo pasa. Pero yo creo que es mas triste mirarte en el espejo de la memoria y no reconocerte en el niño que fuiste una vez. O lo que es lo mismo, mirar en tu interior y no ver aquella inocencia, aquellas ganas de comerte el mundo, porque creías que todo era más sencillo... porque creías tener todas las respuestas. Pensándolo bien, a lo mejor sí que las tenías. El problema es que no las recuerdas porque no te haces las preguntas.

Conocemos gente nueva, lugares nuevos, situaciones nuevas... ¿y lo antiguo? ¿Dónde están tus amigos de la infancia? ¿Los recuerdas acaso con claridad? ¿Eres capaz de ver a aquellos niños pequeños jugando en el parque a juegos que ahora ni siquiera entiendes? Yo jugaba con mis amigos a tirar un palo en un agujero profundo, y cuando caía creíamos que una rata gigante se lo había comido... ese recuerdo no lo olvidaré jamás, y el recordarlo no tiene precio.
Llevo atrás mi memoria, mucho más atrás... y soy capaz de ver a mi padre enseñándome a andar. Veo su, entonces, gigantesca mano cogiendo mis tobillos y obligándome a mover un pie detrás del otro, mientras con la otra me sujeta por la espalda para que no caiga... ¿eres capaz tu de recordar el momento en el que aprendiste a andar? Me siento muy afortunado por conservar ese momento, pero pagaría por todos los que he perdido y que intuyo a través de la bruma...

Y seguramente habrá momentos que olvidé y que no quisiese recordar, pero como no los recuerdo, pues no puedo hablar de ellos. Es obvio que también conservo momentos que preferiría haber olvidado, pero el recordarlos me induce a no volver a incurrir en los mismos errores. No hay que sentir vergüenza por lo que uno ha hecho en el pasado, siempre que no lo repita en el presente. Equivocarse es de sabios, rectificar más aún.

Capítulo VI: La Ira

28 - 10 - 2006

Muchas veces ni siquiera avisa. Se presenta de repente, impetuosa, haciéndonos caer en un estado en el que no controlamos lo que decimos o hacemos, en el que no pensamos, en el que no somos nosotros... somos los Chicos del Sótano, y ellos siempre hacen bien su trabajo. Sea el que sea. Gritamos, peleamos, lloramos... incluso a veces reimos son saber porqué.
En ocasiones, sin embargo, vemos como se acerca. Lista para saltar, pero para nada agazapada. Llega con toda su fuerza, como un torbellino rojo de incomprensión, tocando la musica del diablo y bailando a su son. Y la esperamos, porque la necesitamos, porque hay situaciones de las que no sabemos salir solos, de las que no podemos salir solos.

Y cuando llega, sientes que toda la sangre de tu cuerpo, y posiblemente algo más, se concentra en tu cabeza. Sientes que todo se tiñe de Oscuridad. Tu voz se convierte en la de aquel que ya no tiene nada más que dar, en la de aquel al que ya no le importa lo que pueda perder... quizá ya lo ha perdido todo. ¿Y qué más da? Solo importa el momento, por mucho que intuyas que posteriormente es más que probable que te arrepientas, y que quieras volver atrás y decirle a los chicos del sótano que vuelvan a su oscuro pozo de las profundidades. Pero no puedes, porque aunque a veces eres capaz de decir no a la tormenta... ¿de verdad quieres hacerlo?

Capítulo V: La Esperanza

17 - 10 - 2006

Siempre está. Nunca descansa. Por eso la odiamos, porque nos hace creer que aún hay oportunidades, cuando lo cierto es que nunca las hubo. Se asoma por el borde de su agujero, mira a su alrededor, y nos hace reir. ¿Para qué? Todo el mundo sabe que la caida es más dura al caer desde más arriba...

Cuando crees que tienes más o menos dominados a tus sentimientos, aparece esta amiga indeseada y te los revoluciona a todos, para nada, para que al irse te sientas peor... es como unas droga, pero cuando no está el mono hace estragos. Y entonces vuelve el Dolor, al que creías lejos, para recordarte que no ha pasado tanto tiempo...
Intentaremos no sentirla nunca más o, al menos, mostrarnos lo suficientemente excépticos cuando la veamos. Le retiraremos el saludo e intentaremos quemar su casa. Le partiremos las piernas y así no podrá trepar hacia la Luz... o huir de la Oscuridad. Y como el que ríe el último ríe mejor, reiremos al son de la música del Diablo que nosotros mismos tocaremos mientras la vemos caer al fondo de su pozo para no volver a salir jamás.

Hoy llueve, miro por la ventana de mi cuarto y solo veo un cielo gris encapotado, anodino, que no tiene ni el esplendor de la Luz ni la majestuosidad de la Oscuridad. Y miro en mi interior, y empiezo a ver esas motitas grises que preceden a la tempestad... y me da Miedo, porque aquí vuelve... agazapado detrás... listo para saltar.

Capítulo IV: La Desesperacion

03 - 10 - 2006

Cuando llega crees que ya es tarde, que ya no hay solución, que lo único que queda es resignarse y esperar el final, que no se demorará demasiado. Pero suele ser falso, la Desesperación es psicológica. Depende de cada persona, es posible que llegue demasiado pronto o muy tarde. En el primer caso aún habría escapatoria, pero da igual ya que una vez desesperado pierdes las opciones. En el segundo da lo mismo, efectivamente ya es tarde.
Y tiene gracia, porque cuando desesperas, cuando crees que todo está perdido, aún sigues esperando una última oportunidad, aguardas esa solución que se presenta sola, porque lo último que se pierde es la Esperanza, aunque para o que generalmente sirve deberíamos haberla quemado en la Oscuridad hace ya tiempo, pero ese es otro Capítulo. Muchas veces en mi vida me he desesperado, cuando estaba a punto de perder al que entonces creía mi gran amor, cuando me vi a punto de perder la que entonces creía la mejor oportunidad de mi vida... Y la Desesperación siempre, siempre, siempre conllevó el mismo resultado: la pérdida del empuje, la falta de fuerza, la ausencia de acción... y se sabe que sin acción no hay reacción. Siempre que me desesperé fracasé. Y lamenté fracasar, pero también advertí hace ya tiempo que esas cosas que creía tan esenciales en mi vida en realidad eran tan prescindibles como el resto. Porque no hay nada sin lo que se pueda vivir, porque es posible empujar al Amor más intenso al rincón más oscuro y creer que se ha olvidado... aunque a veces, al ver un rostro vagamente parecido, al oler ese perfume especial por la calle, al escuchar esa canción, se levante y grite y despierte a la Melancolía...
Y, aunque no sea posible ahogar a la Desesperación en la Luz, a base de experiencia me di cuenta de que la cuestión no es esa, no se trata de ahogar la Desesperación, sino de ser capaz de ignorarla. La cuestión es poder luchar sin que influya en tus actos, porque si luchas no hay nada perdido, luchando aún incluso la Esperanza cobra algo de sentido. Jamás jamás te rindas.

Capítulo III: La Tristeza

12 - 09 - 2006

La Tristeza. Es uno de los grandes sentimientos de este siglo. Todos la sentimos de vez en cuando, y algunos más que otros. Algunos tienen tendencia a estar tristes, a castigarse por algo que han hecho o por algo que deberían haber hecho. Pero yo no. Yo no tengo predisposición al autocastigo. Pocas veces en mi vida he estado triste, y la mayoría de las veces en las que lo he estado ha sido principalmente tristeza sentida hacia otras personas. Y siempre he acabado por dejar de sentirla, ya sea porque su problema se ha resuelto bien, o porque se ha resuelto mal, pero se ha resuelto al fin y al cabo. Y preocuparse por algo que ya está acabado es absurdo, porque no lo puedes arreglar.

Mi abuelo decía que la Tristeza era uno de los poderes más gandes de la naturaleza, porque podía destrozar a un hombre de forma casi fulgurante. En cambio el Tiempo tardaba casi cien años en conseguirlo. La diferencia es que la Tristeza puede que... mientras que el Tiempo acabará con nosotros seguro. Porque el Tiempo no perdona... pero ese será otro capítulo.
Yo no creo que la Tristeza sea tan fuerte, porque aparece de vez en cuando, pero siempre termina por ceder. Siempre se acaba, y llega la Alegría, o la Desesperación o, en muchos casos, el Dolor. Las pocas veces que la Tristeza me ha asaltado, siempre me ha parecido que lo hacía por compromiso, como diciendo que ella estaba aquí y que tenía que aportar algo, como los demás sentimientos.

La Tirsteza no se queda agazapada en el fondo de mi mente, no se esconde en el rincón oscuro de mi corazón, simplemente me saluda muy de vez en cuando y sigue su camino sin detenerse a charlar. Es como un viejo amigo del que casi no te acuerdas. Al final siempre acabo olvidándola, y el olvido tiene un gran parecido con la Muerte y la Oscuridad. Eliminar la Tristeza no me es difícil, es más complicado recordarla...

Capítulo II: El Dolor

11 - 09 - 2006

El Dolor. El Dolor viene y va, como si fuera una onda. Cuando me olvido de él se va, se retira a las profundidas de mi mente, pero ahí se mantiene agazapado esperando su momento... que finalmente llega. Recuerdo la razón de mi Oscuridad, y vuelve. Como siempre, hasta que encuentro algo con lo que olvidarme de él.
Pero, ¿habrá alguna forma de desterrarlo para siempre? Tiene que haber algo, porque si no esta vida sería mentira, estaría vacía. Olvidar el Dolor completamente, expulsarlo, borrarlo, suprimirlo, extinguirlo... matarlo... ¿Se puede matar el Dolor?
Recuerdo... recuerdo el olor de tu pelo al despertar, mientras me cosquillea en la nariz... recuerdo tu risa alegre y también tu risa triste... recuerdo tu voz al soñar despierta... recuerdo... recuerdo demasiadas cosas aún.

Llorar. A veces llorar es la solución. Las lágrimas se llevan a ese ente horrible fuera de mi cuerpo. Le hacen resbalar por mi cara. Caer hasta la blancura del suelo de la cocina mientras preparo cena para uno. Y después del llanto viene la fría calma de saber que siempre queda algo, que ahora está débil y escondido, pero que en poco tiempo volverá fuerte y sereno. Porque en poco tiempo tendré que cerrar los ojos, dormir, soñar con tus ojos brillando con la luz del sol, despertar y notar las lágrimas en mi almohada... que hasta soñando me ayudan a diluir el Dolor.
Y cuando a la mañana siguiente despierte, seré el hombre feliz que siempre he sido durante una milésima de segundo, justo antes de que el recuerdo se filtre a través de las ya tenues brumas del sueño y Lo traiga consigo, agazapado detrás de él... esperando para saltar...

Capítulo I: El principio

10 - 09 - 2006

Como siempre, el principio suele ser casi casi lo mejor de una obra, porque es la parte en la que te engancha. Un libro no se suele leer si el principio no es bueno y, si se lee, la mayor parte de las veces es por obligación ajena o, lo que es mucho más triste, propia.

Pues este es mi principio, que a la vez es mi final. Porque el infinito y el menos infinito son lo mismo, y porque el cero no existe. Porque el centro del universo es uno mismo, y porque su fin está demasiado lejos para preocuparse ahora. Porque el comienzo de algo es subjetivo al que lo mira, así que... empezamos a la vez?

Antes de nada decir que la Oscuridad es mi reina indeseada, y que la Luz es simplemente Su ausencia. Y nunca, nunca ha sido al revés. ¿Por qué? Porque, desde el comienzo de mi existencia, mi corazón ha estado en tinieblas, buscando su luz. Cuando la encontró, arrinconó la negrura en una esquina, la expulsó al trastero, por decirlo de alguna forma. Pero, como ya hemos dicho alguna vez, todo principio tiene un final y, cuando la luz perdió su fuerza, la Oscuridad volvió, más fuerte y rabiosa que nunca, y volvió a sumir mi interior en una de las noches más tristes de su historia.
Y este fue mi fin... y mi principio. Porque he vuelto a empezar, porque ahora no hay camino, porque ahora el futuro es realmente incierto, porque ni siquiera yo mismo sabe dónde estaré mañana... porque quizá tal vez mañana está demasiado lejos para preocuparme. Porque ahora en mi vida solo suenan mi música y mi voz.

La historia se reptite

10 - 09 - 2006

Es cierto, la historia acaba repitiéndose, quizá no desde donde a nosotros nos gustaría, pero siempre desde algún punto. Y siempre duele, siempre se siente el mismo dolor en el fondo del pecho, donde alguien dijo un día que estaba el corazón. Y por momentos el dolor es tan grande que te impide respirar, tan fuerte que te paraliza, tan insoportable que piensas cosas sin sentido... duele.

A partir de ahora prestad atención, puesto que esta es mi historia. Y se repetirá muchas veces a lo largo del tiempo, muchas veces volveremos a puntos ya escritos, viviremos momentos ya pasados y soñaremos con los que han de pasar. Sufriremos, lloraremos, reiremos, cantaremos y bailaremos al son de la música del diablo, tocaremos la escala tritono y nos parecerá maravillosa, veremos caer una lágrima y pensaremos equivocadamente que ya no habrá mas. Y cuando al fin parezca que llega el final volveremos al momento en el que todo comienza... es decir, aquí. Porque todo principio tiene un final, pero todo final es un principio.

Y si en algún momento mi historia no te gusta, o no te parece interesante, o simplemente te aburre... eres libre de levantarte de tu silla y no volver jamás, pero no por eso la historia dejará de existir, no por eso el tiempo dejará de transcurrir espantosamente rápido hacia el principio.
Nunca, nunca, nunca te rindas, porque solo se pierde lo que no se intenta. Y lo que es más asombroso... hay veces que ni siquiera sabes que lo estás intentando...